martes, 10 de marzo de 2009

El país donde vivo

Colombia: boceto para un retrato. Por Héctor Abad Faciolince.

Colombia me parece un buen resumen del mundo. Una élite prevalentemente blanca en el color de la piel, que constituye un poco menos del 10% de la población total, que vive en los climas más fríos y ocupa las tierras más fértiles, es dueña del 80% de la riqueza general (las minas, la agricultura, el ganado, los bancos, las industrias) y controla el poder político. Otro 40% de la población, un poco más oscura en su aspecto exterior, trabaja duramente, más que para llegar a ser élite, para no caer en la pobreza del otro 50% de la población, que vive en las tierras más cálidas y menos fértiles o en las partes más duras de las ciudades, que es negra, india, mulata o mestiza, y que nunca está del todo segura de poder comer o de tener agua limpia al día siguiente.

El primer mundo desarrollado (espejo de Europa, Estados Unidos y algunas partes del Lejano Oriente) está representado por esa élite de piel clara, que se aprovecha de las materias primas y de la mano de obra barata del resto del país. Viven bien, comen bien, estudian en los mejores centros, tienen excelentes hospitales y se mueren de viejos. La clase media, los pequeños empleados, algunos obreros con buenos contratos, son el espejo de los países emergentes como México o Brasil. El 50% de los pobres que apenas sobreviven, se parecen a África, a las regiones y naciones más pobres de Oriente, y también, por supuesto, a la misma América Latina menos desarrollada. Así es el mundo, y Colombia se parece mucho al mundo, en tamaño pequeño.

Recorrer Colombia es una bonita experiencia sociológica: si uno empieza por el Norte, en el desierto de La Guajira, podrá visitar la mezquita de Maicao, comer quibbes como los del Líbano, ver mujeres de origen árabe con velo musulmán y hasta deleitarse al postre con las waclavas de miel y frutos secos. Si atraviesa las fértiles llanuras de Córdoba, Bolívar y Sucre, encontrará inmensos hatos de ganado Brahman, traído de la India hace más de un siglo, con sus morros henchidos de grasa y carne, y con la parsimonia envidiable de las vacas sagradas. Si se trepa por la cordillera de los Andes encontrará valles alpinos con ganado Holstein o Jersey, como en Suiza, Inglaterra o Canadá, e incluso campesinos de ojos azules que ordeñan las vacas y hacen queso en las montañas de Antioquia. Si se hunde en las selvas del Chocó podrá sentirse en África de repente, con unos negros grandes y dulces que llevan la música por dentro y la pobreza por fuera, aunque con gran dignidad. Si se atreve a internarse en las selvas amazónicas, se sentirá en partes del Brasil, con ríos inmensos y parsimoniosos, árboles innumerables, calor intenso y bichos raros. Si va a los departamentos del Cauca y Nariño, en el sur, podrá figurarse que está en Bolivia o en Perú, con indios que vienen de ramas remotas de la familia quechua, cuyo imperio se extendió hasta allí, pero que hablan lenguas locales que Evo Morales no entendería.

Y en este viaje imaginario encontrará también, por supuesto, aquello que se considera más típicamente colombiano: plátanos y yuca en tierra caliente, cafetales y pájaros en tierra templada, campos petroleros y minas de oro y carbón explotadas en general por inmensas transnacionales europeas o norteamericanas, plantaciones de mata de coca con mafiosos que matan por defender las rutas de su cocaína, guerrilleros salvajes que secuestran y extorsionan, paramilitares sanguinarios como nazis, un Ejército que no pocas veces comete crímenes tan horrendos como los de los grupos ilegales, y un Estado que, según se acerque o se aleje de las grandes capitales, es capaz de controlar o no el territorio de la nación.

¿Qué nos falta en esta rápida descripción geográfica del país? Dos largas costas, la del mar Caribe y la del océano Pacífico, entre delfines y playas coralinas, hasta tibias bahías escogidas por las ballenas que van y vienen de los polos para hacer ahí, en el centro de su recorrido, esos ruidosos y salvajes apareamientos que los humanos llaman el amor. Algún puerto industrial, como Barranquilla, donde judíos y árabes conviven y compiten por el comercio; una ciudad de belleza legendaria, Cartagena de Indias, en donde el centro se parece a Andalucía y la periferia a Bangladesh; y por último el puerto más feo de todo el océano Pacífico, Buenaventura, en donde la ventura está siempre al borde de convertirse en desventura.

Colombia es también, como el mundo, un país de ciudades en el que la mayoría de la gente vive en humeantes conglomerados urbanos acromegálicos y no en el campo. Lo distinto estriba en que, a diferencia de la mayoría de los países de Hispanoamérica, la capital del país, Bogotá, no se roba la casi totalidad de la población urbana, sino que pululan las ciudades con más de un millón de habitantes: Medellín, Cali, Barranquilla, Pereira, Cartagena, Manizales. Salvo los puertos, la mayoría de estas ciudades (y por ende de la población del país) está en las cordilleras, en altos valles o en altísimos altiplanos. El motivo es muy simple: el clima duro del trópico, la humedad y los insectos de las tierras bajas se soporta mucho mejor en la altitud de las montañas. Por eso tenemos un país muy extenso, pero al mismo tiempo muy densamente poblado en la cordillera y casi desierto en las llanuras y en las selvas.

El 98% de los colombianos hablamos en castellano. Las variedades de nuestro español dependen de si estamos cerca del mar, de cara al mundo, o aislados en las montañas, pero en general podría decirse que, quizá por estar nuestro país a mitad de camino entre el Río Grande del norte y el Río de la Plata, nuestro castellano tiene una cadencia bastante comprensible para casi todos los que viven en el ámbito de la lengua. A esta aparente neutralidad de nuestra variedad lingüística se debe tal vez ese lugar común que dice que hablamos el español más hermoso y correcto de América.

La política nos apasiona, como a los ciudadanos de cualquier parte del mundo, y también tenemos la ilusión de que la vida depende del cambio ritual de los gobernantes. Desde hace más de seis años nos gobierna un terrateniente antioqueño de baja estatura, ojos claros y buenos modales (aunque los pierde con facilidad cuando se enoja, y se enoja mucho). Un requisito tácito para pertenecer a su gabinete es haber padecido secuestros o asesinatos a manos de la guerrilla. Muchos de sus ministros han tenido esa trágica experiencia, en la propia piel o en la de familiares y amigos muy cercanos. Eso los hace odiar, con razón, a las Farc, empezando por el primer mandatario, cuyo padre fue asesinado por esta banda de narcotraficantes que se hace pasar por guerrilla revolucionaria. Bueno, es ambas cosas, una guerrilla degradada a mafia que no deja por eso de ser a ratos una guerrilla con ideales rebasados por la historia. Uribe fue elegido por la mayoría de los colombianos para derrotar a ese grupo, las Farc, del cual el 95% de la población estaba harto. Lo ha logrado en parte, pero a costa de perdonar demasiado a los paramilitares y a costa de gastarse la mejor tajada del presupuesto en fortalecer al Ejército.

Casi nadie, ni yo mismo, se opone a que derrote a la guerrilla. El problema es que al hacerlo se descuida lo más grave para nuestro desarrollo: la desigualdad y la miseria. Del 50% de la población pobre, de su condición inhumana, sale cada año apenas un porcentaje ínfimo, aunque constante. El agua sigue siendo impotable incluso en algunas de las regiones más lluviosas del mundo. No tenemos ni una sola autopista en todo el país. La educación pública es de muy mala calidad y no es universal. La gente desplazada del campo por la guerra se hacina en las ciudades en condiciones de vivienda y de vida intolerables. El Presidente reza rosarios en público y no está muy interesado en el control de los nacimientos. Pero aquello para lo que fue elegido, aquello que prometió —derrotar a las Farc—, lo está cumpliendo, y por eso la mayor parte de la población lo apoya todavía con un fervor religioso.

Escribimos libros, hacemos unas cuantas películas al año, ganamos una o dos medallas de bronce en los Juegos Olímpicos, somos buenos escaladores en ciclismo y tenemos una selección de fútbol que teme mucho hacer goles. Tenemos dos o tres cantantes populares que el mundo adora, aunque a mí no me entusiasmen. Nuestros tres escritores más grandes, en todos los sentidos de la palabra grande, viven en México (García Márquez, Mutis y Fernando Vallejo), como si el aire impuro del D.F. fuera fecundo para su prosa. Tenemos unos cuantos museos no muy buenos, pero de vez en cuando surgen grandes talentos aislados en la ciencia o en el arte. Somos unos 44 millones los que seguimos viviendo aquí, y otros 4 viven repartidos por el mundo, sobre todo en Venezuela, Europa y Estados Unidos. El país es muy verde y su naturaleza no es nada pobre. Medellín, la ciudad en la que vivo, no es la peor de América Latina ni tampoco la más violenta, por mucho que en años anteriores haya sido la capital mundial de la mafia. Pasamos de 6.500 asesinatos al año a 650, y por eso nuestra tasa de homicidios es inferior a la de Caracas, a la de México e incluso a la de Washington.

No somos ni el infierno ni el paraíso. Somos un purgatorio que intenta arrancar almas de la perdición y aspira a seguir, aunque muy despacio, a un paso desesperantemente lento, el camino del progreso que otros llaman cielo.


lunes, 9 de febrero de 2009

31 lunas y... olé

En estos recién estrenados 31 años han sido tres los cumpleaños que he pasado fuera de casa. Uno en Alemania, otro en Sevilla y este último en la capital de la república colombiana. Estas celebraciones suelen ser muy distintas a las celebraciones en casa. La gente que está a tu alrededor se desvive para que ese día sea bonito, cálido, alegre... y así no caigas en el sentimiento de que estás lejos de tu familia. Así pasó en Mainz, con torta en la cara incluida, en Sevilla, en una cena internacional personal y gastronómicamente hablando, y así fue ayer, eso sí, mucho más espectacular e inolvidable.
Sólo fallaron las comunicaciones en el día de ayer, el router decidió morir, el robo de internet al vecino no funcionó, las tarjetas teléfonicas se perdieron, mi celular se descargó y el cargador en la uni... así que ayer Pamplona estuvo más lejos de lo normal. Pero bueno, hoy intentaré hablar con todos aquellos con los que no pude hacerlo ayer... aunque bueno, con muchos de ellos me comuniqué por señas, no? Qué ganas de ver ese vídeo!!!!!!!!!!!
Volvieno a Bogotá, el comité organizador de la celebración hizo que todo lo anterior quedase en la anécdota y me hizo disfrutar mi cumpleaños como una niña txikita. El comité organizó una especie de gymkana desde el desayuno a la cena en la que hubo de todo: arepa colombiana con cosas, tarta de chocolate con velita, las mañanitas, visita cultural al museo, tuna, pasodoble y comida española en una feria gastronómica, en serio, estuve cantando clavelitos!!!!!!0, visita al planetario a disfrutar de los límites del universo y brindis final, con sangría de cava, en un sitio muy bonito llamado Gaudí. Y bueno, por no hablar del regalazo que recibí, el atlas cartográfico de Bogotá, 1797-2007... no me lo podía creer.
Así que a pesar de esa distancia que hace que cuando en Pamplona es ya 8 en Bogotá en 7, a pesar de que sólo recibí tirones de orejas virtuales, aquí no se lleva eso, ... fue un día muy bonito, y español!!!!!!

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Enigmass

Es muy jodido recibir un "no" cuando todo el mundo cantaba el "si".
Es muy jodido recibir un nuevo "no" y descubrir que hay circunstancias totalmente ajenas a mi voluntad que condicionan ese futuro "si".

Ayer me enteré que quedé segunda en la convocatoria de plaza, también me uno al Club de las de la Cara de Tontas, y que la primera, una chica Harvard, tiene apenas un punto más que yo.
Hoy he descubierto, bueno corroborado, que la experiencia no vale mucho si no le simpatizas al que manda....
Aunque, no sé, también pienso que es más fácil aceptar el "no" si va acompañado de la "injusticia".

Sin embargo, mientras venía en el bus de un almuerzo en el que me han sido relatados los pormenores oscuros de mi no elección, he pensado que si este segundo "no" me trae tan sólo la mitad de lo bueno que me trajo el primero... valió la pena el sofoco.

Como decía Gil de Biedma, "(...) Pero también la vida nos sujeta porque precisamente no es como la esperábamos".

A lo que yo añado...
mi vida, ahora mismo, es puro enigma.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Todos mís días

El invierno en Bogotá, fuera de toda lógica metereológica, está siendo luminoso. Todos mis días amanecen, en mi ventana del séptimo cielo, soleados y marítimos. Aprendo cada día más a ser en esta ciudad, a disfrutar de mis múltiples vías y horas laborales, de mi inmersión en incontables metodologías multi, trans, pluri e interdisciplinares... en las que lo cualitativo y lo cuantitativo convergen y crean nuevos ámbitos de fusión. A vivir cada instante mis nuevos horizontes de relación; un nuevo escenario tan sorprendentemente novedoso, que, paradójicamente, pareciera que siempre he sido en él.

jueves, 9 de octubre de 2008

La España profunda

Si, ya sé que estoy un poco lejos de esa realidad... pero es que estos últimos días, por variadas razones, he estado navegando, y naufragando, por los más bizarros éxitos musicales de la música española.... y vaya sustos.
Lo que más me "asusta" es, en realidad, que la mayor parte de las canciones no sólo las conozco sino que me la sé y las canto con "energía alegradora". Pero, ¿Quién no?
La competencia musical bizarra entre las dos orillas del Atlántico está muy pareja.
Un regalo para mis compañeras de viaje en ese bar tan rarito en el que nos pusieron a los Morancos!!!!!!!!!!!!!


Por lo demás, pues que ya tengo mi casita. Ya me he independizado y vivo "en el séptimo cielo", todavía más cerca de las estrellas.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Canción del Pirata

(...)

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

(...)


José de Espronceda

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Archivo General de la Nación


Hoy estuve de excursión con mis alumnos en el Archivo. En estos meses que llevo aquí, he estado un par de veces de pasada y a la carrera, pero hoy he estado casi tres horas volviendo a disfrutar de la "vida de archivo". Mis niños nunca habían estado en un archivo y menos habían visto un documento en "vivo y en directo". El señor guía, muy atento y colaborador, nos ha llevado por los entresijos del archivo, nos ha explicado la identidad del edificio, un más allá en el que nunca me había parado a pensar, y ha compartido con nosotros un legajo de mediados del siglo XVI. Las caras de esos niños eran increíbles. Lástima de cámara de fotos. Estoy empezando a cogerle el gustillo a eso de ser profe.
Hoy ha sido un muy buen día, en muchos aspectos además.
Hoy he descubierto, con ayuda, que igual soy un poco psicorígida... no sé que pensar... espero seguir investigando.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Un trimestre y Pedro Guerra

Celebré mi primer trimestre en Bogotá de concierto.
Estuvimos viendo a Pedro Guerra. El concierto me gustó mucho y, a pesar de cierto sector del público que hizo todo lo posible por desesperarme, disfruté y me emocioné.
Pero fue extraño. Es la quinta vez que veo a Pedro Guerra en concierto: en Pamplona, en Zaragoza, en Barañain... en casa; así que escucharle decir lo contento que estaba de estar en Bogotá se me hacía raro. Y es que es difícil encontrarles el sitio a sensaciones y vínculos que pertenencen al otro lado del puente.
Hace un año ya me pasó. Fue raro que Mária me recogiera en el aeropuerto y desde ahí empezar a compartir nuestra "desequilibrada y dramática" existencia mutua por las calles de la capital, curioso tomar el café con Margarita en una cafetería que no era la de la biblioteca de la UN, interesante almorzar con Vanessa en un chuzo en la 13 y más extraño todavía compartir la belleza y peculiaridad de la Candelaria con una casi PTV como María.
Y ahora que este escenario es cada vez más mío, es sorprendente sentir la capitalización y recolombización del nuevo yo de Mária, interesante ver como Luis es cada día más parte de este contexto, a pesar de sus lagunas de asimilación, fascinante encontrar nuevas y sólidas vías de comunicación y entendimiento...
Ubicar y aprehender mis nuevos lugares.
Pero la descontextualización sigue ahí. Sólo tengo que ver las fotos de las chicas de vacaciones y pensar en la extraña sensación que me quedó cuando volvieron a casa.

jueves, 14 de agosto de 2008

Sesiones intensas

Cada día me acuesto más tarde y me levanto más temprano.
Mi despertador suena cada dos días a las 05:00 a.m., cuando todavía es de noche.
La alegría del madrugar se la debo a mi nueva ocupación docente. Yo, la profe. A pesar de mi petición hay alguno de mis alumnos que prefiere no llamarme por mi nombre.
La recuperación de mis horas de estudiante, porque eso es a lo que me dedico ahora, a volver a estudiar teoría de la historia e historia de Europa para luego compartir mis conocimientos con los chinos, no los de la China sino "mis chinos colombianos", me quita el sueño si, pero me asienta y tranquiliza en mi ser y estar.

Hoy también me confirmaron que ya tengo apartamento. Todavía queda poco más de un mes para mi mudanza, pero ya tengo una perspectiva. Aunque tengo ganas de tener mi espacio, y devolver espacio, sé que voy a extrañar la tragicómica "casa del terror".

viernes, 1 de agosto de 2008

La luna debajo del brazo

¿Cuándo vas a venir otra vez por aquí?
Cuando gire el poniente en tu pelo.
Tú tenías que hacer lo que había que hacer
pero el mundo nunca era un pañuelo.

Te vigilé las horas del viaje más largo
Como si fueras a llevarte la luna debajo del brazo.

Caminando hacia el puerto de Santa María,
Con tus piernas ardiendo en el salpicadero.
Ahora es fácil decirte que no lo sabías
Pero tú te seguías el juego.

Te vigilé las horas del viaje más largo
Como si fueras a llevarte la luna debajo del brazo

Lo tuvimos tan cerca que nunca lo vimos
lo perdimos tan fácil que valió la pena
y ahora quiero llamarte por teléfono
decirte que aunque no me diera cuenta en aquel momento
Aquello fue importante para mí.


Quique González

miércoles, 30 de julio de 2008

Proporcionalidad o despropósito

Pero cómo no voy a estar desequilibrada....
Aquí va la trascripción de parte de las conversaciones que han hecho del día de hoy un precioso día para disfrutar de la paz y el sosiego.

08:30 am. "Buenos días Marta Lucía, habla con Juana Marín, si, ayer hablé con Ana Isabel y me dijo que hoy por la mañana sabrían algo del certificado de proporcionalidad -contextualicemos: este certificado es obligatorio para que te den la visa de trabajo, por cada trabajo necesito una, ya tengo la del Rosario, ahora me hace falta la del Bosque, y llevo como 20 días llamando a la señora por lo menos 2 veces al día, en plan y de lo mío qué?, y ella siempre mañana, llámeme mañana, que seguro llega mañana-"
"Si profe, sabe que, ahoritica mismo iba a llamar a correspondencia. Me regala una llamada en un ratico"
09:00 am. "Buenas Marta Lucía, habla de nuevo con Juana Marín, le dijeron algo en correspondencia?"
"Pues profe, el mensajero llegó pero no lo trajo, parece que para mañana". La misma respuesta desde hace 20 días, y la culpa, como no, el mensajero.
"Muy bien, pues mañana le llamo para ver si podemos seguir avanzando con el proceso"

La profe Juana en ese momento ha buscado el teléfono del Ministerio de la protección social y ha tratado de hablar con los encargados de tramitar los certificados de proporcionalidad, pero imposible. Alentada por Luis ha vuelto a llamar a Marta Lucía para pedirle el código de tramitación y así presentarse en el Ministerio. Entre bufidos, se le notaba, Marta Lucía ha accedido y servidora se ha puesto en marcha.

11:00 am. Ministerio de la protección Social, en el camino he parado en Bancolombia para abrir una cuenta corriente.
"Buenos días, mire llevo como un mes y medio esperando mi certificado de proporcionalidad para trabajar como docente en la Universidad el Bosque y vengo a solicitarlo, acá tengo el código".
"Buenos días doctora, si claro dígame cual es el número de radicación".

La doctora le da el número de radicación y la señora Marisol busca mi certificado.

"El señor XXX-nombre impronunciable- (luego me he enterado que es ruso) vino a recogerlo esta mañana"
"Como así, ¿el mensajero?, pero si me dijeron en la universidad que no lo había llevado, no entiendo"
"No el mensajero no, el señor XXX, ¿usted no lo conoce?"
"No, no lo conozco, y no entiendo por qué le han tenido que dar el certificado a él".
"Bueno, porque es el titular del certificado, con esta radicación el certificado que aparece es el del señor XXX"
La doctora piensa que o bien la simpática secretaria le ha dado mal el número o que en su dislexia lo ha copiado mal.
"¿Y puede buscar mi certificado por mi nombre o por el de la universidad?"
"Claro. Vamos a ver, Juana María Marín Leoz..... Si tenemos acá el de la Universidad del Rosario, el de la Sabana, pero no del Bosque".
"Puede probar sin el María, sólo como Juana, a veces como es tan parecido al apellido creen que es un error"
"Probemos. Juana Marín Leoz.... no, no aparece ninguno. Probemos con el Bosque.... Nada, el bosque sólo tiene una solicitud de proporcionalidad, la del señor XXX"

En esos momentos la doctora, o sea yo, se ha tenido que sentar, porque no daba crédito a lo que estaba oyendo. La muy cabrona llevaba casi un mes diciéndome que no había problema y ni tan siquiera estaba tramitada la solicitud. Mi cara de angustia debía ser increíble porque la señora ha decidido llamar a la universidad y a su jefe para ver como solucionaban el asunto. El jefe me decía que no me angustiase que todo se iba a solucionar... y yo entonces he estallado un poco.

"Que no me angustie, que no me angustie. Llevo dos meses angustiada con todos los asuntos burocráticos de este país, porque no hay nadie que a la primera me acierte a decir qué es lo que tengo que hacer y siempre hay que dar como siete mil vueltas antes de conseguir que las cosas salgan bien y encima ahora mismo me siento estafada y se supone que empiezo a trabajar el lunes y no tengo permiso de trabajo...."
Y el tipo seguía, pero no se angustie doctora, no se angustie.... ya verá como todo se soluciona.

Y es verdad al final todo se soluciona, pero es que el camino es siempre tan tortuoso, nada es sencillo, todo es "recomplicado". Finalmente, la culpabilidad se la reparten a partes iguales la universidad y el ministerio. La boba de la uni por ahorrarse un poco de trabajo hizo la solicitud de una manera sui generis y al tipo del ministerio se le fue de la cabeza y no la tramitó. ¡¡¡¡¡¡Alegría!!!!!!!!
A base de carreras y reuniones varias, la cosa ya está, por ahora, solucionada, eso si, mañana toca madrugar y volver a vivir un día de locos. Tengo que decir que aburrirme, lo que se dice aburrirme, más bien poco, todo los días vivo una emoción constante.

Le he mandado un mail a un profesor de la universidad contándole mis aventuras y desventuras y esto es lo que me ha contestado:
"No te preocupes por volverte psicópata, que aquí todos los somos en algún grado: el problema no es ser neurótico sino saber manejar la neura y en ello veo que vas muy bien, pero no te ilusiones con que son solo dos meses. Así no tendría gracia. Debe ser como un año por lo menos para que el tratamiento sea intensivo, de "inmersión total", llegue hasta las raices, te modifique el ADN y te cambie el color del cabello. Si logras asesinar a alguno de la fauna, no te preocupes: es parte del aprendizaje y aprenderás a cuidarte para que no te asesinen a ti a punto de papeleo, gestiones, tinterilladas juridicismos, espíritu rosarista, tradiciones, modernidades y transmilenios".

La doctora al final ha conseguido desdramatizar el día y reírse mucho de si misma. Mañana será otro día.

P.D. Muchas gracias a todos por vuestros ánimos y comentarios. Saber que estáis ahí me hace más fuerte.

martes, 29 de julio de 2008

Silencio

He pasado cinco días en Quito, "la mitad del mundo", para arreglar, finalmente, mis papeles. He dejado de ser turista y soy ya una contribuyente más del "Estado" colombiano. Llegué a Quito deprisa y corriendo y muy muy muy estresada, últimamente este parece ser mi estado más natural. Pero conforme pasaban los días el estrés se fue convirtiendo en tranquilidad, sosiego, descanso, introspección... y, en consecuencia, en desesperanza, cansancio y angustia. En realidad, estas tres últimas, junto a la inestabilidad, la impaciencia, incluso según voces discordantes la agresividad y el egoísmo, son las variadas virtudes que adornan mi nueva vida, iba a poner también el desequilibrio, pero este me viene acompañando desde hace un buen rato.

En Quito, una amiga de una amiga de una amiga me iba a hacer de Cicerone, pero sus obligaciones labores la tuvieron ocupada casi todo el tiempo, así que tuve que presentarme a Quito yo solita. Y no nos fue tan mal, me gustó Quito. Lo que más me ha impactado de esta pequeña ciudad, Quito es muy chiquita, es su silencio. En comparación con la bulliciosa Bogotá, Quito asusta por su limpia y silenciosa atmósfera. O tal vez haya sido que en estos prolongados días de silencio, el griterío en mi cabeza era tal que no me permitía oír nada más.

Me he dado cuenta que por mucho que haya puesto 8000 Km. de distancia para cambiar el argumento de mi vida, si no soy yo quien lo reescribe seguirá contando lo mismo.

lunes, 21 de julio de 2008

El mundo es tan chiquitico

Estos días pasados he tenido visita del viejo continente. En dos aviones diferentes y con unas horas de retraso, aunque eso si con unos Euros más en el bolsillo, llegaron las cuatro nuevas "miembras" de la familia disfuncional que habita el pequeño apartamento de San Luis-Teusaquillo. Ellas siguen ahora de paseo por la costa atlántica, por fin podrán sacar de la maleta la ropa tropical que trajeron, pobrecitas con el tiempo tan inmundo que sufrimos por la capital de la república día si, día también, pero la semana en Bogotá y sus "alrededores" ha dado para mucho.
He aquí una muestra.

Probando nuevas sensaciones. ¡Qué rico chunchullo!!!!

Pare. Siga.

Bailando el arte.

Recreándonos en él.

Conociendo nuevos lugares.

De concierto.
Nuevos horizontes 2600 metros más cerca de las estrellas.

Alimentándonos muy muy bien.

En el "Bertiz" sangileño, el parque del Gallineral.

Más nuevas sensaciones. A Elena le gustaron mucho las hormigas culonas.

Una clase magistral sobre España.


A falta del Salto del Mico. Cuatro monas.

De procesión.

Casi patiamarillas.


En la terracita de nuestro hotel.

Muy naturales por las calles de Villa de Leyva.


Sin apenas pinta de "guiris".

Sigo pensando que es uno de los sitios más raros en los que he estado.


Recordando viejos sabores.

Siguiendo recomendaciones sobre las camisetas que "si debemos comprar". No te digo.

De chofer con "mi carro".


.... y en este largo paseo no voy y me encuentro a 30 metros bajo tierra, en la catedral de Sal de Zipaquirá, a Rodrigo el chileno con su recién estrenada mujer, qué chiquito es el mundo!!!!



*Fotos cortesía de las fotógrafas oficiales del viaje, Elena y Leticia.

miércoles, 2 de julio de 2008

Vivir la Historia

Hace unos días que tenía pensada mi nueva entrada. Hablaba de celebraciones mundiales multitudinarias, de reivindicaciones históricas, de nuevos escenarios en los que poco a poco me voy sintiendo más segura, más yo, de la importancia de no perder el acento para ser ampliamente celebrada.... en mi vida me he visto obligada a decir tantas veces gracias... tiene, nunca mejor dicho, su gracia. Pero no encontraba el momento para sentarme delante del ordenador a contar mis peripecias del fin de semana. La euforia de la llegada ha disminuido, se nota, y ya poco a poco voy acomodándome a la normalidad de la vida trabajadora. Así, el final de la jornada me encuentra muerta y con ganas de irme a la cama, hacía tiempo que no sentía la disciplina laboral y el tranquilizador cansancio de ir avanzando en mis cosas.

Pero hoy no he trabajado mucho. Por la mañana si he trabajado juiciosa, pero después de almorzar cuando estaba sentándome en la mesa escuché que en la tele daban la noticia de la liberación de Ingrid Betancourt y otros 14 secuestrados y bueno, ahí se acabó mi labor de hoy. Ha sido una tarde de radio, televisión e Internet. Son muchos los años en los que la imagen de esta buena señora nos ha acompañado, muchas veces como si fuera la única, de hecho mis discutidas simpatías hacia su persona son ampliamente conocidas, pero siento que hoy es uno de esos días en los que recordaré qué estaba haciendo cuando me enteré de la noticia. Igual que recuerdo que cortaron la emisión de barrio Sesamo y vivimos la explosión del Challenger en directo, el telediario con las primeras imágenes de la caída del muro de Berlín, que estaba con mi hermana viendo la tele el 11-S, que desayunaba en la mesa de mi primera casa en Bogotá el 11-M, que cenaba en el apartaestudio de Jordi en París cuando murió Juan Pablo II... pequeños retazos de mi historia en los que me sentí viviéndola.

En cuanto a la liberación, y que conste que me alegro muy mucho, es curioso cómo la misma expresión implica sensaciones tan distintas. La definición del rescate como "de película" por el ministro de defensa no tiene nada que ver con la misma frase en boca de Mária... la incredulidad, la inquietud, el esceptisimo y el surrealismo no tienen cabida en la primera.

domingo, 22 de junio de 2008

Eurocopa 2008

Estamos disfrutando, y esta vez es sin ironía, de la Euro en la tele colombiana y argentina. La señal de la argentina no me gusta, se ve un poco mal, pero los comentaristas son mejores, no mucho, pero mejores, que los colombianos. Los señores de RCN y Caracol utilizan coletillas muy extrañas para los no iniciados: la esférica, le pegó en toda su humanidad, el penal, los volantes.... y por no hablar del combinado ibérico, que no sé muy bien si se refieren a un bokata de jamón y chorizo o a la selección española... pobres portugueses, siempre tan ninguneados.

No obstante, el comentario de la Eurocopa, el que más me ha hecho pensar, y no sólo porque lo repiten cada 15 minutos, es el siguiente:

"Guerrillero, a esta hora usted podría estar disfrutando de la emoción de la Eurocopa.
No lo piense más.

Hay otra vida.
La desmovilización es la salida"

Complicada realidad la de este país.


viernes, 13 de junio de 2008

Torta de naranja con semillas de amapolas

Estoy de celebraciones varias. Ayer en la distancia, no cuajó la idea de mi hermana de cenar en torno al ordenador, celebré cumpleaños de mi aita. Hoy era el de mi futura jefa. Me invitó a cenar en su casa para conocer a mis futuros compañeros de trabajo. Sé que no soy nada buena en mis primeras impresiones, recuerdo que Vanessa me cayó fatal cuando la conocí, que a Nuria no la ubico en mis años de Ikastola y que hubo un flechazo que más me hubiera valido esquivar......... pero creo que esta vez no me equivoco. Me gustan mis compañeros de trabajo. Me he reído mucho esta noche. Hemos chismoseado, me han puesto al día de la farándula colombiana, he flipado con el método y la ética aplicada a la historia, hemos hablado de política colombiana y española, hay quien opina que Zapatero es, después de Obama, el segundo hombre mejor vestido del mundo..., en definitiva, ha sido una noche muy agradable. Y la torta... espectacular oiga. Además, para quien no lo sepa las amapolas y yo tenemos una gran historia.
Y a pesar de todo... a veces me pierdo en mi estres y soy extremadamente jodida, lo sé, no lo puedo evitar. Sé que no puedo pedir más, llevo menos de un mes, tengo trabajo, un sitio estupendo donde vivir, lo estupendo lo hacen mis dos compañeros de viaje, que son el sol, la luna... -y el bosque!!!!!-, nuevas personas a mi alrededor que hacen que todo sea más fácil.... pero no puedo evitar agobiarme, estresarme y necesitar que lleguen los horarios, los papeles, la normalidad, lo cotidiano... tengo ganas de empezar a sentir que de verdad vivo aquí.

jueves, 5 de junio de 2008

Como se me pudo olvidar.....

Aunque el fin de semana no destacó por el acierto gastronómico, al margen de nuestro bokata de tortilla de patata con jamón serrano, si que hubo un momento culinario digno de subrayar. La noche del domingo en un marco incomparable fuimos invitados a probar las famosísimas hormigas culonas santadereanas. Es verdad que creía no estar preparada para ello, pero bueno ya que te invitan pues a probarlas se ha dicho.

Mi opinión tras la degustación. No están malas. Tampoco es que sean un súper manjar, pero tienen su gracia, saladitas y crujientes.

martes, 3 de junio de 2008

Arborizaje y naufragio

Dos fines de semana, dos, que llevo en este país y dos "enfrentamientos" directos con la naturaleza más cruda. Mi primer fin de semana, Luis me invitó a verlo volar en parapente en La Calera, un pequeño municipio montañoso al oriente de Bogotá. Además, había que probar el carro nuevo y que mejor ocasión. Salimos de una Bogotá medio nubosa pero al horizonte parecía que el sol quería acompañarme en mi primer domingo bogotano. Llegamos al voladero tras media hora larga de viaje y una subida empinada y embarrada al cerro, el carro se portó como un campeón. En ninguna de mis estancias en la capital de la república he sido víctima del mal de altura, pero cambiar de altitud en tan poco tiempo y subir 15 minutos hasta los 2900 metros más o menos, casi pueden conmigo. Menudo mal rato que pasé. Como apenas había viento tuvimos que esperar un rato para que los voladores pudieran ejercer. Primero salieron dos expertos y profesionales, Luis es todavía amateur, y al ratico salió él. Nosotras lo vimos salir y esperábamos que subiera, pero no acababa de hacerlo. Así que nos acercamos al mirador y lo vimos abajito abajito a punto de llegar a la zona de aterrizaje. Pero zas!!! Cayó en una zona boscosa y frondosa un tanto lejos de su lugar de destino. Cogimos el carro y fuimos a buscarlo. Atravesamos una pradera con unos matorrales un tanto espesos y cogimos por la carretera que supuestamente nos llevaba a su zona de aterrizaje. En éstas, vimos una bici abandonada que nos empezó a dar mal rollo ¿quién andaba por ahí en bici? Nuestra comunicación telefónica con el volador dio sus frutos y concretamos las coordenadas del aterrizaje, de hecho alcanzamos a ver su vela en la copa de un árbol, pero claro había que llegar hasta allá. Comenzó nuestra inmersión en el bosque. Con unos matorrales que llegaban hasta la cintura, plantas con pinchos, humedad... y bichos!!!!! Yo en zapatillas de deporte y vaqueros y tratando de autoconvencerme "piensa que estás en España, que estás en España"... y en esas miro a mi izquierda y mi imaginación me traiciona y "veo" entre dos árboles una tarántula gigante y quiero irme corriendo.... y Mária que me pregunta "¿aquí habrá serpientes?".... y yo vuelvo a repetir en voz alta "piensa que estás en España y que no hay bichos raros"... Después de unos momentos de indecisión decidimos seguir adelante, pasar el alambre espino, el segundo en nuestro trayecto, aunque en esta ocasión por arriba y no arrastrándonos, y sortear la torre de electricidad. Muy convencidas nosotras, una voz nos paraliza: "Buenas!!!!!!" Menudo susto que nos dio el muy..... Resultó ser el guardia de seguridad de la finca que vio caer a un parapentista y estaba, al igual que nosotras, buscándolo. Así que los tres proseguimos nuestra aventura. Al ratico encontramos a Luis. Subido en un árbol, en el que había arborizado, tratando de desenredar el parapente. Por suerte no se quedó colgado del árbol, en mi pensamientos me lo imaginaba cual péndulo trantando de desenredarse y esperando a que llegáramos. La operación rescate se prolongó una hora larga y se saldó con la destrucción de parte de la flora de la región. Entre el "guardabosques", exsoldado especializado en rescates, y el volador se cargaron el árbol y parte de su vecindad, pero todo con mucho cariño. Y cuando estábamos a punto de recoger comenzó a diluviar. Amatxo maitia, agua, agua, agua y agua.... como si no hubiera llovido en dos años. Llegamos al carro lavados y relavados, listos para centrifugar y, además, con medio bosque en los pantalones, las zapatillas.... para que seguir....
Después llegó el puente y organizamos un nuevo viaje de aventura. Para mí la aventura comenzó en Tunja, porque recibí mi bautismo automovilístico en este país. Desde Tunja al Socorro condujo servidora y bueno, tuve mis momentos. Mária asegura que no le gusto tan asimilada, pero vamos creo que me falta mucho para llegar a su nivel de conducción... adelantamientos que ni Alonso en sus mejores salidas... recuerdo especialmente uno en el regreso: en curva, ascensión, conos y doble línea contínua. Yo tengo que reconocer que a veces me sorprendía a mí misma de lo rápido que asimilé la inutilidad de las normas de tráfico, ni señales, ni marcas viales.... y bueno no estuvo tan mal... eso si, de ahí a conducir en Bogotá va un trecho.
Este camino nos llevó al río Fonce. El sábado por la tarde hicimos rafting o canotaje. Llegamos al Club Campestre del Socorro y nos apuntamos a bajar el río Fonze, mucho más relajado y fácil que el Suárez, impracticable en esta época de lluvias, así que no quiero ni pensar como será. Nuestro guía era un jovencito llamado Walter que tenía unas espaldas.... él ordenó a los siete remeros y a mí me tocó a su vera en la parte trasera de la embarcación. Yo desde el principio no le cogía la postura a esa barca. Estaba demasiado alta y cada vez que remaba perdía el equilibrio. En el primer rapidito casi me caigo. Momento que fue recibido con risas por parte de mi compañera de viaje. Y llegó el momento rápido. Cuatro de los ocho ocupantes de la barca caímos al río Fonce, entre ellos, como no, yo. Bajo el agua me choqué con alguno de mis compañeros y conseguí salir por delante de la barca. Al principio todo iba bien, me acordé hasta de lo que dijo el guía de dejarme llevar por la corriente, mirada al frente y piernas estiradas noventa grados... todo estupendo hasta que yo misma caí en un rápido y tragué agua por toneladas, las olas no me dejaban sacar la cabeza y el chaleco no cumplía su función... me empecé a angustiar porque no había manera de salir del rápido... en ese estres me di la vuelta y Walter me estaba acercando un remo para subirme a la barca. Lo que recuerdo de esa subida es a Mária desconojonada, pero mucho, y entre risas preguntándome si estaba bien. En su descargo tengo que decir que era risa nerviosa y que mi cara de angustia la recordará siempre. Y es que pasé un mal rato bastante majo, con decir que el tipo me decía que remara para atrás y yo sólo podía hacerlo hacia adelante y casi me tienen que volver a tirar al agua para que espabilara "es que acababa de volver a la vida".... pero bueno, pasado el mal trago, y nunca mejor dicho porque con el montón de agua que tragué seguro que me da cagalera, disfruté un montón del trayecto, aunque, no lo voy a negar, sufriendo por si llegaba otro rápido de similares características, ... impresionante y exuberante naturaleza... indescriptible.


Y el próximo fin de semana ¿qué?

domingo, 25 de mayo de 2008

Felicidades

Ya es otra vez 25 de mayo, y yo, otra vez, aquí. No soy Carlos Baute, ni tampoco Shakira, pero mis felicitaciones son mucho mejores. Zorionak bonita!!!!!!!



Hace un año estaba a punto de volver a casa y no tenía ni idea que coño iba a ser de mi vida. Había algunas certezas, por las que aposté pero que se fueron diluyendo hasta llegar a hoy; de nuevo 25 de mayo. Acabo de volver aquí y no tengo mucha idea de lo que a ser de mí. Pero hay pequeñas luces que van surgiendo por los lados, así que espero que la incertimbre deje paso a la certeza, nuevas certezas, y vaya poco a poco sabiendo más... mucho más.

jueves, 22 de mayo de 2008

De la prostitución a la liberación

Y es que es llegar a esta ciudad y comenzar mis momentos surrealistas.
Esta mañana he ido a una conferencia a la Universidad del Rosario. Supuestamente era sobre la prostitución en Colombia a lo largo de la Historia. Estoy casi convencida que el martes cuando me invitó la directora del programa de Historia me dijo que la conferencia iba sobre eso. También es verdad, que llevaba 11 horas de vuelo transoceánico y que puede ser que entendiera lo que me dio la gana. Pues la sorpresa no ha sido sólo el tema, que era la prostitución francesa en Argentina y el Norte de África entre 1850 y 1950 ¿?, sino también el idioma de la misma. En inglés!!!!! He conocido a la conferenciante media hora antes de la charla, hemos ido a tomar un café con Adriana y otro tipo y entonces me he dado cuenta de lo bien que me lo iba a pasar en la charla.
Pero para nada. Obviamente no he entendido toda la charla, pero estoy súperorgullosica de mí, no voy y consigo seguirla prácticamente toda. Bueno, admito que si alguien me pregunta sobre la prostitución francesa en África del norte, sólo puedo hablar de la "prostitución de campaña", la que hacía que los soldados siguiesen siendo buenos combatientes, pero preguntarme, preguntarme por la de Buenos Aires.... las "franchuchas", las prostitutas francesas, eran las más deseadas y las más caras. Ahora ya sé porque el francés es el idioma del amor.
Al margen de la entendida conferencia, lo que más me ha ilusionado del Rosario ha sido el recibimiento por parte de todos, es verdad que no ha salido lo de la plaza, pero he tenido ocasión de decirles todo lo que no puede en la "videoconferencia" y les he expuesto mi disponibilidad y mi ánimo para afrontar cualquier reto... menos el de la prostitución, obviamente.
Después he ido al ICANH a firmar el contrato de la publicación del libro y he tenido una charla muy agradable con el señor coordinador del área de Historia. Está totalmente admirado con "mi arrojo" y se ha ofrecido a colaborarme en todo lo que esté en su mano.
Y la última etapa del día ha sido el momento celular. Ya sabemos por experiencias anteriores que eso de comprar un teléfono es toda una aventura. Esta ocasión, además, tiene sus peculiaridades. Como yo tenía un teléfono, o terminal, seamos exactos, que no utilizaba en casa me lo traje para acá. El objetivo era liberarlo y luego comprar una tarjeta prepago, la opción del contrato quedaba totalmente descartada. Por una módica cantidad mi móvil LG Orange ha sido liberado y convertido en un celular LG (leído "el" "yi") apto para cualquier operadora colombiana. He ido a CONCEL, después de darme mi primer chapuzón bogotano, se me podía escurrir entera, y he conseguido que el mocete de la tienda me vendiera la tarjeta sin apenas ponerme problemas. De la mano de la mejor de mis sonrisas, le he coqueteado un poco, le he seguido el rollo y así sin cédula de ciudadanía, ni contrato laboral y sin tener que estampar ninguna de mis huellas digitales en ningún documento, tengo mi teléfono activado y a la orden.
Y es que parece que yo, en mi hispanidad retraída, le voy cogiendo el tino a la colombianidad. Hay quien cree, incluso, que tengo un "ser latino" bastante latente. Quien lo iba a decir.