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martes, 10 de marzo de 2009

El país donde vivo

Colombia: boceto para un retrato. Por Héctor Abad Faciolince.

Colombia me parece un buen resumen del mundo. Una élite prevalentemente blanca en el color de la piel, que constituye un poco menos del 10% de la población total, que vive en los climas más fríos y ocupa las tierras más fértiles, es dueña del 80% de la riqueza general (las minas, la agricultura, el ganado, los bancos, las industrias) y controla el poder político. Otro 40% de la población, un poco más oscura en su aspecto exterior, trabaja duramente, más que para llegar a ser élite, para no caer en la pobreza del otro 50% de la población, que vive en las tierras más cálidas y menos fértiles o en las partes más duras de las ciudades, que es negra, india, mulata o mestiza, y que nunca está del todo segura de poder comer o de tener agua limpia al día siguiente.

El primer mundo desarrollado (espejo de Europa, Estados Unidos y algunas partes del Lejano Oriente) está representado por esa élite de piel clara, que se aprovecha de las materias primas y de la mano de obra barata del resto del país. Viven bien, comen bien, estudian en los mejores centros, tienen excelentes hospitales y se mueren de viejos. La clase media, los pequeños empleados, algunos obreros con buenos contratos, son el espejo de los países emergentes como México o Brasil. El 50% de los pobres que apenas sobreviven, se parecen a África, a las regiones y naciones más pobres de Oriente, y también, por supuesto, a la misma América Latina menos desarrollada. Así es el mundo, y Colombia se parece mucho al mundo, en tamaño pequeño.

Recorrer Colombia es una bonita experiencia sociológica: si uno empieza por el Norte, en el desierto de La Guajira, podrá visitar la mezquita de Maicao, comer quibbes como los del Líbano, ver mujeres de origen árabe con velo musulmán y hasta deleitarse al postre con las waclavas de miel y frutos secos. Si atraviesa las fértiles llanuras de Córdoba, Bolívar y Sucre, encontrará inmensos hatos de ganado Brahman, traído de la India hace más de un siglo, con sus morros henchidos de grasa y carne, y con la parsimonia envidiable de las vacas sagradas. Si se trepa por la cordillera de los Andes encontrará valles alpinos con ganado Holstein o Jersey, como en Suiza, Inglaterra o Canadá, e incluso campesinos de ojos azules que ordeñan las vacas y hacen queso en las montañas de Antioquia. Si se hunde en las selvas del Chocó podrá sentirse en África de repente, con unos negros grandes y dulces que llevan la música por dentro y la pobreza por fuera, aunque con gran dignidad. Si se atreve a internarse en las selvas amazónicas, se sentirá en partes del Brasil, con ríos inmensos y parsimoniosos, árboles innumerables, calor intenso y bichos raros. Si va a los departamentos del Cauca y Nariño, en el sur, podrá figurarse que está en Bolivia o en Perú, con indios que vienen de ramas remotas de la familia quechua, cuyo imperio se extendió hasta allí, pero que hablan lenguas locales que Evo Morales no entendería.

Y en este viaje imaginario encontrará también, por supuesto, aquello que se considera más típicamente colombiano: plátanos y yuca en tierra caliente, cafetales y pájaros en tierra templada, campos petroleros y minas de oro y carbón explotadas en general por inmensas transnacionales europeas o norteamericanas, plantaciones de mata de coca con mafiosos que matan por defender las rutas de su cocaína, guerrilleros salvajes que secuestran y extorsionan, paramilitares sanguinarios como nazis, un Ejército que no pocas veces comete crímenes tan horrendos como los de los grupos ilegales, y un Estado que, según se acerque o se aleje de las grandes capitales, es capaz de controlar o no el territorio de la nación.

¿Qué nos falta en esta rápida descripción geográfica del país? Dos largas costas, la del mar Caribe y la del océano Pacífico, entre delfines y playas coralinas, hasta tibias bahías escogidas por las ballenas que van y vienen de los polos para hacer ahí, en el centro de su recorrido, esos ruidosos y salvajes apareamientos que los humanos llaman el amor. Algún puerto industrial, como Barranquilla, donde judíos y árabes conviven y compiten por el comercio; una ciudad de belleza legendaria, Cartagena de Indias, en donde el centro se parece a Andalucía y la periferia a Bangladesh; y por último el puerto más feo de todo el océano Pacífico, Buenaventura, en donde la ventura está siempre al borde de convertirse en desventura.

Colombia es también, como el mundo, un país de ciudades en el que la mayoría de la gente vive en humeantes conglomerados urbanos acromegálicos y no en el campo. Lo distinto estriba en que, a diferencia de la mayoría de los países de Hispanoamérica, la capital del país, Bogotá, no se roba la casi totalidad de la población urbana, sino que pululan las ciudades con más de un millón de habitantes: Medellín, Cali, Barranquilla, Pereira, Cartagena, Manizales. Salvo los puertos, la mayoría de estas ciudades (y por ende de la población del país) está en las cordilleras, en altos valles o en altísimos altiplanos. El motivo es muy simple: el clima duro del trópico, la humedad y los insectos de las tierras bajas se soporta mucho mejor en la altitud de las montañas. Por eso tenemos un país muy extenso, pero al mismo tiempo muy densamente poblado en la cordillera y casi desierto en las llanuras y en las selvas.

El 98% de los colombianos hablamos en castellano. Las variedades de nuestro español dependen de si estamos cerca del mar, de cara al mundo, o aislados en las montañas, pero en general podría decirse que, quizá por estar nuestro país a mitad de camino entre el Río Grande del norte y el Río de la Plata, nuestro castellano tiene una cadencia bastante comprensible para casi todos los que viven en el ámbito de la lengua. A esta aparente neutralidad de nuestra variedad lingüística se debe tal vez ese lugar común que dice que hablamos el español más hermoso y correcto de América.

La política nos apasiona, como a los ciudadanos de cualquier parte del mundo, y también tenemos la ilusión de que la vida depende del cambio ritual de los gobernantes. Desde hace más de seis años nos gobierna un terrateniente antioqueño de baja estatura, ojos claros y buenos modales (aunque los pierde con facilidad cuando se enoja, y se enoja mucho). Un requisito tácito para pertenecer a su gabinete es haber padecido secuestros o asesinatos a manos de la guerrilla. Muchos de sus ministros han tenido esa trágica experiencia, en la propia piel o en la de familiares y amigos muy cercanos. Eso los hace odiar, con razón, a las Farc, empezando por el primer mandatario, cuyo padre fue asesinado por esta banda de narcotraficantes que se hace pasar por guerrilla revolucionaria. Bueno, es ambas cosas, una guerrilla degradada a mafia que no deja por eso de ser a ratos una guerrilla con ideales rebasados por la historia. Uribe fue elegido por la mayoría de los colombianos para derrotar a ese grupo, las Farc, del cual el 95% de la población estaba harto. Lo ha logrado en parte, pero a costa de perdonar demasiado a los paramilitares y a costa de gastarse la mejor tajada del presupuesto en fortalecer al Ejército.

Casi nadie, ni yo mismo, se opone a que derrote a la guerrilla. El problema es que al hacerlo se descuida lo más grave para nuestro desarrollo: la desigualdad y la miseria. Del 50% de la población pobre, de su condición inhumana, sale cada año apenas un porcentaje ínfimo, aunque constante. El agua sigue siendo impotable incluso en algunas de las regiones más lluviosas del mundo. No tenemos ni una sola autopista en todo el país. La educación pública es de muy mala calidad y no es universal. La gente desplazada del campo por la guerra se hacina en las ciudades en condiciones de vivienda y de vida intolerables. El Presidente reza rosarios en público y no está muy interesado en el control de los nacimientos. Pero aquello para lo que fue elegido, aquello que prometió —derrotar a las Farc—, lo está cumpliendo, y por eso la mayor parte de la población lo apoya todavía con un fervor religioso.

Escribimos libros, hacemos unas cuantas películas al año, ganamos una o dos medallas de bronce en los Juegos Olímpicos, somos buenos escaladores en ciclismo y tenemos una selección de fútbol que teme mucho hacer goles. Tenemos dos o tres cantantes populares que el mundo adora, aunque a mí no me entusiasmen. Nuestros tres escritores más grandes, en todos los sentidos de la palabra grande, viven en México (García Márquez, Mutis y Fernando Vallejo), como si el aire impuro del D.F. fuera fecundo para su prosa. Tenemos unos cuantos museos no muy buenos, pero de vez en cuando surgen grandes talentos aislados en la ciencia o en el arte. Somos unos 44 millones los que seguimos viviendo aquí, y otros 4 viven repartidos por el mundo, sobre todo en Venezuela, Europa y Estados Unidos. El país es muy verde y su naturaleza no es nada pobre. Medellín, la ciudad en la que vivo, no es la peor de América Latina ni tampoco la más violenta, por mucho que en años anteriores haya sido la capital mundial de la mafia. Pasamos de 6.500 asesinatos al año a 650, y por eso nuestra tasa de homicidios es inferior a la de Caracas, a la de México e incluso a la de Washington.

No somos ni el infierno ni el paraíso. Somos un purgatorio que intenta arrancar almas de la perdición y aspira a seguir, aunque muy despacio, a un paso desesperantemente lento, el camino del progreso que otros llaman cielo.


jueves, 9 de octubre de 2008

La España profunda

Si, ya sé que estoy un poco lejos de esa realidad... pero es que estos últimos días, por variadas razones, he estado navegando, y naufragando, por los más bizarros éxitos musicales de la música española.... y vaya sustos.
Lo que más me "asusta" es, en realidad, que la mayor parte de las canciones no sólo las conozco sino que me la sé y las canto con "energía alegradora". Pero, ¿Quién no?
La competencia musical bizarra entre las dos orillas del Atlántico está muy pareja.
Un regalo para mis compañeras de viaje en ese bar tan rarito en el que nos pusieron a los Morancos!!!!!!!!!!!!!


Por lo demás, pues que ya tengo mi casita. Ya me he independizado y vivo "en el séptimo cielo", todavía más cerca de las estrellas.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Archivo General de la Nación


Hoy estuve de excursión con mis alumnos en el Archivo. En estos meses que llevo aquí, he estado un par de veces de pasada y a la carrera, pero hoy he estado casi tres horas volviendo a disfrutar de la "vida de archivo". Mis niños nunca habían estado en un archivo y menos habían visto un documento en "vivo y en directo". El señor guía, muy atento y colaborador, nos ha llevado por los entresijos del archivo, nos ha explicado la identidad del edificio, un más allá en el que nunca me había parado a pensar, y ha compartido con nosotros un legajo de mediados del siglo XVI. Las caras de esos niños eran increíbles. Lástima de cámara de fotos. Estoy empezando a cogerle el gustillo a eso de ser profe.
Hoy ha sido un muy buen día, en muchos aspectos además.
Hoy he descubierto, con ayuda, que igual soy un poco psicorígida... no sé que pensar... espero seguir investigando.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Un trimestre y Pedro Guerra

Celebré mi primer trimestre en Bogotá de concierto.
Estuvimos viendo a Pedro Guerra. El concierto me gustó mucho y, a pesar de cierto sector del público que hizo todo lo posible por desesperarme, disfruté y me emocioné.
Pero fue extraño. Es la quinta vez que veo a Pedro Guerra en concierto: en Pamplona, en Zaragoza, en Barañain... en casa; así que escucharle decir lo contento que estaba de estar en Bogotá se me hacía raro. Y es que es difícil encontrarles el sitio a sensaciones y vínculos que pertenencen al otro lado del puente.
Hace un año ya me pasó. Fue raro que Mária me recogiera en el aeropuerto y desde ahí empezar a compartir nuestra "desequilibrada y dramática" existencia mutua por las calles de la capital, curioso tomar el café con Margarita en una cafetería que no era la de la biblioteca de la UN, interesante almorzar con Vanessa en un chuzo en la 13 y más extraño todavía compartir la belleza y peculiaridad de la Candelaria con una casi PTV como María.
Y ahora que este escenario es cada vez más mío, es sorprendente sentir la capitalización y recolombización del nuevo yo de Mária, interesante ver como Luis es cada día más parte de este contexto, a pesar de sus lagunas de asimilación, fascinante encontrar nuevas y sólidas vías de comunicación y entendimiento...
Ubicar y aprehender mis nuevos lugares.
Pero la descontextualización sigue ahí. Sólo tengo que ver las fotos de las chicas de vacaciones y pensar en la extraña sensación que me quedó cuando volvieron a casa.

jueves, 14 de agosto de 2008

Sesiones intensas

Cada día me acuesto más tarde y me levanto más temprano.
Mi despertador suena cada dos días a las 05:00 a.m., cuando todavía es de noche.
La alegría del madrugar se la debo a mi nueva ocupación docente. Yo, la profe. A pesar de mi petición hay alguno de mis alumnos que prefiere no llamarme por mi nombre.
La recuperación de mis horas de estudiante, porque eso es a lo que me dedico ahora, a volver a estudiar teoría de la historia e historia de Europa para luego compartir mis conocimientos con los chinos, no los de la China sino "mis chinos colombianos", me quita el sueño si, pero me asienta y tranquiliza en mi ser y estar.

Hoy también me confirmaron que ya tengo apartamento. Todavía queda poco más de un mes para mi mudanza, pero ya tengo una perspectiva. Aunque tengo ganas de tener mi espacio, y devolver espacio, sé que voy a extrañar la tragicómica "casa del terror".

miércoles, 2 de julio de 2008

Vivir la Historia

Hace unos días que tenía pensada mi nueva entrada. Hablaba de celebraciones mundiales multitudinarias, de reivindicaciones históricas, de nuevos escenarios en los que poco a poco me voy sintiendo más segura, más yo, de la importancia de no perder el acento para ser ampliamente celebrada.... en mi vida me he visto obligada a decir tantas veces gracias... tiene, nunca mejor dicho, su gracia. Pero no encontraba el momento para sentarme delante del ordenador a contar mis peripecias del fin de semana. La euforia de la llegada ha disminuido, se nota, y ya poco a poco voy acomodándome a la normalidad de la vida trabajadora. Así, el final de la jornada me encuentra muerta y con ganas de irme a la cama, hacía tiempo que no sentía la disciplina laboral y el tranquilizador cansancio de ir avanzando en mis cosas.

Pero hoy no he trabajado mucho. Por la mañana si he trabajado juiciosa, pero después de almorzar cuando estaba sentándome en la mesa escuché que en la tele daban la noticia de la liberación de Ingrid Betancourt y otros 14 secuestrados y bueno, ahí se acabó mi labor de hoy. Ha sido una tarde de radio, televisión e Internet. Son muchos los años en los que la imagen de esta buena señora nos ha acompañado, muchas veces como si fuera la única, de hecho mis discutidas simpatías hacia su persona son ampliamente conocidas, pero siento que hoy es uno de esos días en los que recordaré qué estaba haciendo cuando me enteré de la noticia. Igual que recuerdo que cortaron la emisión de barrio Sesamo y vivimos la explosión del Challenger en directo, el telediario con las primeras imágenes de la caída del muro de Berlín, que estaba con mi hermana viendo la tele el 11-S, que desayunaba en la mesa de mi primera casa en Bogotá el 11-M, que cenaba en el apartaestudio de Jordi en París cuando murió Juan Pablo II... pequeños retazos de mi historia en los que me sentí viviéndola.

En cuanto a la liberación, y que conste que me alegro muy mucho, es curioso cómo la misma expresión implica sensaciones tan distintas. La definición del rescate como "de película" por el ministro de defensa no tiene nada que ver con la misma frase en boca de Mária... la incredulidad, la inquietud, el esceptisimo y el surrealismo no tienen cabida en la primera.

domingo, 22 de junio de 2008

Eurocopa 2008

Estamos disfrutando, y esta vez es sin ironía, de la Euro en la tele colombiana y argentina. La señal de la argentina no me gusta, se ve un poco mal, pero los comentaristas son mejores, no mucho, pero mejores, que los colombianos. Los señores de RCN y Caracol utilizan coletillas muy extrañas para los no iniciados: la esférica, le pegó en toda su humanidad, el penal, los volantes.... y por no hablar del combinado ibérico, que no sé muy bien si se refieren a un bokata de jamón y chorizo o a la selección española... pobres portugueses, siempre tan ninguneados.

No obstante, el comentario de la Eurocopa, el que más me ha hecho pensar, y no sólo porque lo repiten cada 15 minutos, es el siguiente:

"Guerrillero, a esta hora usted podría estar disfrutando de la emoción de la Eurocopa.
No lo piense más.

Hay otra vida.
La desmovilización es la salida"

Complicada realidad la de este país.


viernes, 13 de junio de 2008

Torta de naranja con semillas de amapolas

Estoy de celebraciones varias. Ayer en la distancia, no cuajó la idea de mi hermana de cenar en torno al ordenador, celebré cumpleaños de mi aita. Hoy era el de mi futura jefa. Me invitó a cenar en su casa para conocer a mis futuros compañeros de trabajo. Sé que no soy nada buena en mis primeras impresiones, recuerdo que Vanessa me cayó fatal cuando la conocí, que a Nuria no la ubico en mis años de Ikastola y que hubo un flechazo que más me hubiera valido esquivar......... pero creo que esta vez no me equivoco. Me gustan mis compañeros de trabajo. Me he reído mucho esta noche. Hemos chismoseado, me han puesto al día de la farándula colombiana, he flipado con el método y la ética aplicada a la historia, hemos hablado de política colombiana y española, hay quien opina que Zapatero es, después de Obama, el segundo hombre mejor vestido del mundo..., en definitiva, ha sido una noche muy agradable. Y la torta... espectacular oiga. Además, para quien no lo sepa las amapolas y yo tenemos una gran historia.
Y a pesar de todo... a veces me pierdo en mi estres y soy extremadamente jodida, lo sé, no lo puedo evitar. Sé que no puedo pedir más, llevo menos de un mes, tengo trabajo, un sitio estupendo donde vivir, lo estupendo lo hacen mis dos compañeros de viaje, que son el sol, la luna... -y el bosque!!!!!-, nuevas personas a mi alrededor que hacen que todo sea más fácil.... pero no puedo evitar agobiarme, estresarme y necesitar que lleguen los horarios, los papeles, la normalidad, lo cotidiano... tengo ganas de empezar a sentir que de verdad vivo aquí.

martes, 1 de abril de 2008

Nuevas ilusiones

Proyecto mi potencial futuro.
Una asignatura sobre la Santafé virreinal.
Y me veo recogiendo trabajos y coordinando tutorías. Aceptando nuevas metodologías con las que enseñar a los "gomelos" -gracias Mária- colombianos.
Una pequeña ilusión se va haciendo sitio en mi mesa. ¡Hay vida!!!!
El mundo está lleno de posibilidades y, como me deseó alguién a principios de año, voy a dejarme atropellar no sólo por la felicidad, sino por lo insospechado.