Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
(...)
La decisión es cambiar de geografía para "cambiarlo todo"; para extraviarme, reencontrarme y empezar de nuevo con la esperanza de que en mi más allá no reaparezcan los errores de siempre; con la esperanza de que en mi no asumida valentía, siga, a diario, sorprendiéndome.

Pero cómo no voy a estar desequilibrada....
Aquí va la trascripción de parte de las conversaciones que han hecho del día de hoy un precioso día para disfrutar de la paz y el sosiego.
08:30 am. "Buenos días
"Si profe, sabe que, ahoritica mismo iba a llamar a correspondencia. Me regala una llamada en un ratico"
09:00 am. "Buenas
"Pues profe, el mensajero llegó pero no lo trajo, parece que para mañana". La misma respuesta desde hace 20 días, y la culpa, como no, el mensajero.
"Muy bien, pues mañana le llamo para ver si podemos seguir avanzando con el proceso"
La profe Juana en ese momento ha buscado el teléfono del Ministerio de la protección social y ha tratado de hablar con los encargados de tramitar los certificados de proporcionalidad, pero imposible. Alentada por Luis ha vuelto a llamar a
11:00 am. Ministerio de la protección Social, en el camino he parado en Bancolombia para abrir una cuenta corriente.
"Buenos días, mire llevo como un mes y medio esperando mi certificado de proporcionalidad para trabajar como docente en la Universidad el Bosque y vengo a solicitarlo, acá tengo el código".
"Buenos días doctora, si claro dígame cual es el número de radicación".
La doctora le da el número de radicación y la señora
"El señor XXX-nombre impronunciable- (luego me he enterado que es ruso) vino a recogerlo esta mañana"
"Como así, ¿el mensajero?, pero si me dijeron en la universidad que no lo había llevado, no entiendo"
"No el mensajero no, el señor XXX, ¿usted no lo conoce?"
"No, no lo conozco, y no entiendo por qué le han tenido que dar el certificado a él".
"Bueno, porque es el titular del certificado, con esta radicación el certificado que aparece es el del señor XXX"
La doctora piensa que o bien la simpática secretaria le ha dado mal el número o que en su dislexia lo ha copiado mal.
"¿Y puede buscar mi certificado por mi nombre o por el de la universidad?"
"Claro. Vamos a ver,
"Puede probar sin el
"Probemos. Juana
En esos momentos la doctora, o sea yo, se ha tenido que sentar, porque no daba crédito a lo que estaba oyendo. La muy cabrona llevaba casi un mes diciéndome que no había problema y ni tan siquiera estaba tramitada la solicitud. Mi cara de angustia debía ser increíble porque la señora ha decidido llamar a la universidad y a su jefe para ver como solucionaban el asunto. El jefe me decía que no me angustiase que todo se iba a solucionar... y yo entonces he estallado un poco.
"Que no me angustie, que no me angustie. Llevo dos meses angustiada con todos los asuntos burocráticos de este país, porque no hay nadie que a la primera me acierte a decir qué es lo que tengo que hacer y siempre hay que dar como siete mil vueltas antes de conseguir que las cosas salgan bien y encima ahora mismo me siento estafada y se supone que empiezo a trabajar el lunes y no tengo permiso de trabajo...."
Y el tipo seguía, pero no se angustie doctora, no se angustie.... ya verá como todo se soluciona.
Y es verdad al final todo se soluciona, pero es que el camino es siempre tan tortuoso, nada es sencillo, todo es "recomplicado". Finalmente, la culpabilidad se la reparten a partes iguales la universidad y el ministerio. La boba de la uni por ahorrarse un poco de trabajo hizo la solicitud de una manera sui generis y al tipo del ministerio se le fue de la cabeza y no la tramitó. ¡¡¡¡¡¡Alegría!!!!!!!!
A base de carreras y reuniones varias, la cosa ya está, por ahora, solucionada, eso si, mañana toca madrugar y volver a vivir un día de locos. Tengo que decir que aburrirme, lo que se dice aburrirme, más bien poco, todo los días vivo una emoción constante.
Le he mandado un mail a un profesor de la universidad contándole mis aventuras y desventuras y esto es lo que me ha contestado:
"No te preocupes por volverte psicópata, que aquí todos los somos en algún grado: el problema no es ser neurótico sino saber manejar la neura y en ello veo que vas muy bien, pero no te ilusiones con que son solo dos meses. Así no tendría gracia. Debe ser como un año por lo menos para que el tratamiento sea intensivo, de "inmersión total", llegue hasta las raices, te modifique el ADN y te cambie el color del cabello. Si logras asesinar a alguno de la fauna, no te preocupes: es parte del aprendizaje y aprenderás a cuidarte para que no te asesinen a ti a punto de papeleo, gestiones, tinterilladas juridicismos, espíritu rosarista, tradiciones, modernidades y transmilenios".
La doctora al final ha conseguido desdramatizar el día y reírse mucho de si misma.
He pasado cinco días en Quito, "la mitad del mundo", para arreglar, finalmente, mis papeles. He dejado de ser turista y soy ya una contribuyente más del "Estado" colombiano. Llegué a Quito deprisa y corriendo y muy muy muy estresada, últimamente este parece ser mi estado más natural. Pero conforme pasaban los días el estrés se fue convirtiendo en tranquilidad, sosiego, descanso, introspección... y, en consecuencia, en desesperanza, cansancio y angustia. En realidad, estas tres últimas, junto a la inestabilidad, la impaciencia, incluso según voces discordantes la agresividad y el egoísmo, son las variadas virtudes que adornan mi nueva vida, iba a poner también el desequilibrio, pero este me viene acompañando desde hace un buen rato.
En Quito, una amiga de una amiga de una amiga me iba a hacer de Cicerone, pero sus obligaciones labores la tuvieron ocupada casi todo el tiempo, así que tuve que presentarme a Quito yo solita. Y no nos fue tan mal, me gustó Quito. Lo que más me ha impactado de esta pequeña ciudad, Quito es muy chiquita, es su silencio. En comparación con la bulliciosa Bogotá, Quito asusta por su limpia y silenciosa atmósfera. O tal vez haya sido que en estos prolongados días de silencio, el griterío en mi cabeza era tal que no me permitía oír nada más.
Me he dado cuenta que por mucho que haya puesto